Con Donald Trump y los republicanos derrotados en las urnas de Estados Unidos, Europa, Ucrania y Medio Oriente muestran reacciones muy distintas que reflejan lo que cada país tiene en juego.
Las elecciones en Estados Unidos cerraron y el mundo empezó a moverse. La derrota de Trump y los republicanos generó un efecto dominó en la política internacional: algunos festejaron, otros se quedaron callados y en Medio Oriente la cosa se puso más compleja.
El gobierno de España fue de los más ruidosos a la hora de celebrar. Del otro lado, figuras como Viktor Orbán —el primer ministro húngaro y uno de los aliados más visibles de Trump en Europa— prefirieron no hacer demasiado ruido. Ucrania, por su parte, recibió el resultado con alivio: la continuidad de una política demócrata en Washington puede significar más armas, más fondos y más respaldo diplomático en su guerra con Rusia.
En Medio Oriente, la lectura fue más política: varios países de la región vieron en la elección un mensaje sobre la postura de Estados Unidos frente a Irán. Según LA NACION, esa interpretación fue central en el análisis de lo que este resultado puede significar para el equilibrio regional.





