La salida se da en un contexto de deudas, reclamos y dificultades en la cobertura médica de militares y sus familias.

El gobierno sumó una nueva baja con la renuncia de Sergio Maldonado a la presidencia de la obra social de las Fuerzas Armadas, en un escenario marcado por tensiones internas y problemas en la prestación de servicios de salud.

La salida se produce en un contexto delicado para la cobertura sanitaria de militares, retirados y sus familias, con reclamos crecientes y dificultades para garantizar la atención. Desde el oficialismo evitan por ahora hacer una lectura política, aunque reconocen la complejidad de la situación.

Maldonado estaba al frente de la Obra Social de las Fuerzas Armadas (OSFA), creada tras la disolución del IOSFA, en un proceso de reestructuración que aún no logra estabilizar el sistema. La transición incluyó cambios de conducción y ajustes en el esquema de funcionamiento.

Entre los factores que habrían influido en su salida, se menciona el impacto institucional de situaciones recientes dentro del ámbito militar, además del desgaste acumulado por meses de conflictos operativos y financieros.

Desde el área de Defensa admiten que la reorganización del sistema quedó atravesada por urgencias económicas, presión de afiliados y prestadores, y dificultades para sostener el nivel de cobertura.

Datos oficiales reflejan la magnitud del problema: la deuda acumulada del sistema asciende a cifras millonarias, incluyendo compromisos por prestaciones médicas, reintegros y funcionamiento. En ese contexto, la nueva estructura continúa en funcionamiento mientras busca resolver una crisis que sigue abierta.

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