La iniciativa podría favorecer a espacios con liderazgo consolidado y obligar a las coaliciones a redefinir sus estrategias internas.
La propuesta del presidente Javier Milei de eliminar las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) volvió a poner en discusión el sistema electoral argentino y sus efectos sobre la competencia política. La medida forma parte de una reforma más amplia que busca modificar las reglas de selección de candidatos.
Las PASO fueron creadas para que los partidos definan sus postulantes mediante el voto ciudadano, permitiendo que distintas corrientes internas compitan en una instancia previa a la elección general. Además, funcionan como una herramienta para medir el nivel de apoyo de cada fuerza antes de los comicios definitivos.
En este contexto, la eventual eliminación del sistema podría beneficiar a espacios con conducción unificada, como La Libertad Avanza, donde no se observan disputas internas relevantes. Sin la necesidad de dirimir candidaturas en una primaria, estos sectores mantendrían su estructura sin mayores cambios.
Por el contrario, las coaliciones más amplias, como el peronismo u otros frentes opositores, podrían enfrentar mayores tensiones. Sin una instancia abierta para resolver internas, las diferencias deberían saldarse mediante acuerdos políticos, lo que podría derivar en rupturas o en la presentación de listas separadas.
Otro efecto posible es la pérdida de una referencia previa sobre el desempeño electoral. Sin PASO, los partidos llegarían a la elección general sin un test intermedio que les permita ajustar estrategias o medir el nivel de competitividad de sus candidatos.
Si bien desde el gobierno se argumenta que la eliminación permitiría reducir costos y simplificar el proceso electoral, también implicaría resignar un mecanismo de participación ciudadana. En ese marco, el debate no solo gira en torno al ahorro fiscal, sino también al impacto que podría tener en el equilibrio político y en la dinámica interna de los partidos.




