La joven denunció haber sido atacada sexualmente en 2024 por integrantes de una fraternidad de Cornell, y el escándalo creció cuando se supo que nadie fue imputado.
Lo que empezó como una denuncia silenciada se transformó en un escándalo mayor para la Universidad de Cornell: una exalumna asegura que siete jóvenes ligados a una fraternidad la agredieron sexualmente en 2024. El caso recién ahora está recibiendo atención pública, y la razón es que ninguno de los acusados fue jamás imputado.
Esa ausencia de respuesta judicial es lo que encendió las alarmas. La fiscalía decidió abrir una revisión del expediente para entender qué pasó y por qué la causa no prosperó. Si se confirma que hubo errores u omisiones en el proceso, podría haber consecuencias legales y políticas para varios actores.
El caso también reaviva una discusión que Cornell viene intentando esquivar: el rol de las fraternidades en su campus y la cultura que se genera dentro de esas organizaciones. En los últimos años, varias universidades estadounidenses endurecieron las reglas para estas agrupaciones, pero el debate sigue abierto. Según LA NACION, este nuevo escándalo podría acelerar esos cambios en Cornell.






