La intensa ofensiva rusa sobre la infraestructura energética de Ucrania ha dejado a gran parte de la población sin luz ni calefacción en pleno invierno, con temperaturas bajo cero que agravan la crisis humanitaria y la vida cotidiana de los civiles.
Los ataques rusos contra instalaciones que suministran agua, electricidad y calefacción han dejado a miles de edificios en Kiev y otras ciudades sin servicios básicos, justo cuando las temperaturas invernales superan fácilmente los 10 grados bajo cero. Frente a lo que muchos ucranianos y autoridades consideran una táctica deliberada para minar la moral civil, el gobierno decretó estado de emergencia en el sector energético y tomó medidas excepcionales como la suspensión de clases y la instalación de cocinas móviles para atender a la población afectada.
Gran parte de la capital y otras zonas urbanas se han vuelto prácticamente inhabitables debido a la falta de luz y calefacción, obligando a muchos residentes a improvisar soluciones para soportar el frío intenso. La vida diaria se ha transformado en un continuo esfuerzo por mantener la rutina a pesar de la oscuridad y la falta de servicios, con ciudadanos que deben organizar sus jornadas alrededor de la disponibilidad de electricidad y buscan espacios con calefacción para protegerse.
Ucranianos y funcionarios sostienen que los ataques a la infraestructura crítica buscan quebrar la resistencia de la población y forzar concesiones políticas, una estrategia que ha profundizado el desgaste físico y emocional de quienes viven bajo estas condiciones extremas. A medida que la guerra se acerca a los cuatro años, la comunidad internacional enfrenta creciente presión para aumentar la asistencia humanitaria y energética, mientras Kiev intenta garantizar la supervivencia de sus ciudadanos frente al frío y la oscuridad impuesta por los bombardeos.





